Sangre y cóndores

Las voladoras es un libro de cuentos que nos invita a recorrer un paisaje donde la belleza y la muerte están condenados a existir.

Diario de lecturas

11 de diciembre de 2020
Tiempo de lectura 3 minutos

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Hoy he terminado de leer Las voladoras de Mónica Ojeda. Encontré, dentro del libro, la entrada al Jardín Botánico Histórico La Concepción. No sé cómo ha llegado hasta ahí. Fuimos hace mucho tiempo, mucho tiempo antes de que este libro llegase a casa. Lo he usado como marcapáginas y he decidido dejarlo ahí. Sé que me gustará volver a encontrarlo cuando vuelva a él. Volveré.

Las voladoras es el título del libro y también es el título del primer cuento. Ocho en total. Cuentos ambientados en una tierra donde <<es verano todos los días, invierno todas las noches>>, habitada por mujeres voladoras, brujas, una niña de diez años que tiene el cerebro redondo, una profesora de universidad, el doctor Gutierrez y su hija Guadalupe, Hija, Mami y Ñaña, un padre que muerde a sus hijas como si fuera un perro, dos hermanas gemelas, un grupo de mujeres de bien, dos hermanas en la abominación del terremoto, un padre que es <<un chamán pequeño ante lo sagrado>> que cree que <<existen palabras en este mundo con la pasión suficiente para resucitar a un muerto>>. Y se llama Pedro. Todos estos personajes habitan dentro de este libro. Y todos tienen su historia.

No hay cuento sin sangre, la sangre sabe a lenguaje, sangre y cóndores. Y una voz que sobrevuela todos estos textos. Mis favoritos, aquellos donde esta voz vuela salvaje y la línea se rompe, donde el verso toma forma para convertirse en emoción y reemplaza la descripción, el pensamiento. Porque Ojeda cambia de registro y compone un <<libro de embelesamiento por los paisajes y mitos andinos, esta búsqueda de ampliar la geografía sentimental de los manglares hasta los volcanes>> donde se mezcla la superstición y el mundo de arriba y el mundo de abajo, las redes sociales con magia sin renunciar a la belleza de la palabra, la frase bien construida, el pensamiento que me gustaría atribuirme: <<Cuando escribo le doy agua a la muerte para que calme su sed>>. Estos cuentos están llenos de pájaros. Y muerte. Recuerdos. Mujeres que pelean y no siempre vencen. <<No es que Ana se volviera loca, sino que enloqueció por un instante>>. Es, precisamente Ana, en el cuento “Sorache”, la responsable de las páginas más potentes. Dos páginas (86 y 87) escritas con una fuerza y una fiereza tan cruda como eficaz. Lo que describe no es repugnante. Repugnancia es lo que ella siente al verse. Porque la belleza, como la fealdad, está en nuestra mirada.

El sol todavía calienta lo suficiente para que podamos comer fuera. En el silencio de este mes de diciembre, en el jardín donde se han reunido todos los verdes. Ojeda, en el cuento “Sangre coagulada”, habla de todos los rojos. Rojo caracha, rojo terreno, rojo aguja, rojo raspón. También hay rojo canoa, rojo hígado y rojo pulga. Rojo pelo de árbol. Rojo cabeza de montaña. Es mi cuento preferido. Por esa voz que es todo inocencia, por la violencia que pueden contener unos <<[b]esos babosos con mal aliento>> y porque, aunque respira la misma crudeza que el resto del libro, contiene el único instante de justicia. <<La gente no lo sabe, pero es así: la sangre nunca se queda quieta>>. Nunca. Hago un surco con el dedo pulgar y entierro la rama de una hiedra con la intención de que eche raíces. Confío que, en primavera, empiece a cubrir la pared.

Te gustará este libro si buscas una voz potente y original.

No te gustará este libro si no te gusta llamar a las cosas por su nombre.

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Pedro Ramos
Escritor

He publicado 6 novelas y llevo 15 años impartiendo talleres de escritura y lectura. Mi pasión es hablar de libros, de los propios y ajenos. Me gusta compartir mis lecturas con un lenguaje directo y sincero.

Actualmente resido en Benajarafe, un pequeño pueblo de la costa malagueña donde leo, escribo y cuido de mi jardín.

Publicado por Pedro Ramos

Escritor y profesor de escritura. Más en www.lau2.org