Una amistad

Dos amigos es esto y nada más que esto: la historia de dos amigos rusos a mediados del siglo XIX. Nada más y nada menos: una delicia.

Diario de lecturas

6 de noviembre de 2020
Tiempo de lectura 3 minutos

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Hoy he terminado de leer Dos amigos de Iván Turguénev. Una edición preciosa, recatada, de una editorial que desconocía: ediciones Invisibles. La colección en la que han publicado este libro, Pequeños placeres, tiene como logotipo un libro que emerge de una bañera, como si hubiera alguien leyendo dentro. Así, al detalle. 

El libro, efectivamente, es un pequeño placer que destaca por su sencillez: es la historia de dos amigos, hacendados desocupados, allá por 184* en la zona central de Rusia. Aburridos, uno de ellos, Piotr, decide que lo que el otro necesita, Viazovnín, es casarse. Y se dispone a buscarle esposa en los alrededores. Tras varios intentos en los que conocemos, con la complicidad crítica y mordaz del narrador, a los vecinos de Viazovnín, este cree haber encontrado a la esposa perfecta. Pero ahora es Piotr quien no está de acuerdo. Aún así, un mes después, se celebra la boda. Vérochka se llama la esposa. ¿Afortunada? Me temo que no. Viazovnín no tarda en aburrirse y, como todo buen ruso desocupado, decide emprender un viaje. Deja a la esposa con su amigo y se marcha a París. Bueno, no directamente a París, pero es donde llega y termina la historia. Con un giro, incluso dos, que no me esperaba. 

Una lectura amena, agradable, que me ha servido para desconectar completamente. Perfecto para sentarse en una cafetería a leer mientras contemplas el declinar de la tarde.

Un relato que se lee con una sonrisa gracias a descripciones como esta: <<Ese día no estaba solo, aunque en realidad pocas veces se lo podía encontrar solo. En el gabinete estaba también un oficinista, un tinterillo con cara de vieja y arrugada, de nariz ganchuda y ojos intranquilos, una criatura completamente desgastada, que no hacía mucho que servía en un lugar cálido y que en la actualidad estaba procesado>>. Ácido, en ocasiones, critica las conductas de algunos personajes y se ceba con la forma de hablar de los franceses. Cito:

Tout est prêt —resonó una voz sin erres.

Allez! —pio otra.

Y su aspecto: <<todos los oficiales franceses de caballería se parecían como gotas de agua>>. No sé qué pensarán los franceses.

Pero no debemos olvidar que estamos leyendo a Turguénev. Aquí una muestra de esa capacidad de análisis que convierte en literatura el simple encadenamiento de peripecias. <<Borís Andréich no se volvió irascible y exigente como suele pasarle [a] los que sienten que no tienen razón, no se permitió tampoco el placer mezquino y grosero, habitual incluso entre la gente inteligente, de la mofa y el ridículo, no cayó en ensoñaciones; simplemente dejó que una única idea lo ocupara: como hacer para marcharse a algún otro lugar, de forma temporal, por supuesto>>.

Por supuesto. Una maravilla reencontrarme con el viejo amigo Turguénev y esta historia de dos amigos rusos, muy rusos, que (¿se puede pedir algo más?) <<pasan el tiempo con bastante monotonía; en paz y en calma; disfrutan de la felicidad… porque en la tierra no hay otra felicidad>>.

Te gustará este libro si te gustan las historias sencillas capaces de transportarte a otra época y otro lugar.

No te gustará este libro si eres adicta a la intriga y el suspense.

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Pedro Ramos
Escritor

He publicado 6 novelas y llevo 15 años impartiendo talleres de escritura y lectura. Mi pasión es hablar de libros, de los propios y ajenos. Me gusta compartir mis lecturas con un lenguaje directo y sincero.

Actualmente resido en Benajarafe, un pequeño pueblo de la costa malagueña donde leo, escribo y cuido de mi jardín.

Publicado por Pedro Ramos

Escritor y profesor de escritura. Más en www.lau2.org