Cómo hemos llegado hasta aquí

Simón narra el ascenso y caída de su protagonista en un mundo, el de la restauración, donde tampoco nada es lo que parece.

Diario de lecturas

30 de octubre de 2020
Tiempo de lectura 3 minutos

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Hoy he terminado de leer Simón de Miqui Otero. He pensado estas palabras mientras bajaba a la frutería (media docena de huevos, aguacates), a la panadería (dos cruasanes) y a Correos para enviar un ejemplar de Raúl y la luz azul al hijo de un amigo escritor. La novela de Otero es ambiciosa. Mucho. Le conocí en el 2016, con su anterior novela, Rayos, bajo el brazo. Recuerdo que lo pasamos bien durante la presentación. Creo que fue el penúltimo Libros en directo que hice. Después, discutí con el asesor de cultura o, mejor dicho, no quise hacer lo que él quería que yo hiciera. Nunca se me ha dado bien acatar órdenes.

La nueva novela de Otero, Simón (repite en Blackie Books, forman un gran equipo) narra la historia de un niño que crece en el ambiente de un bar de barrio con la obligación de ser alguien. Porque de un tiempo a esta parte —esto no fue siempre así—, no basta con ser, tienes que ser alguien. Y, como le sucede a Simón, esta imposición nos lleva a convertirnos en quienes no queremos ser, cosa que a algunos se les da mejor que a otros.

<<[L]os deseos no se conceden, sino que se imaginan y conquistan. Dime ahora: ¿qué pides tú? ¿Qué me pides, Simón? Si no sabes imaginarlo nunca tendrás nada. Nunca serás alguien>>

La novela comienza en la Barcelona olímpica, verano de 1992, y termina en la primavera de 2018. Su decorado principal es un bar de barrio, el Baraja, que podría ser uno de los cinco bares que había en la calle donde yo viví mi infancia, porque otra cosa no, pero en España, en los barrios ricos y en los barrios pobres, en Madrid o en Barcelona, en A Coruña o Málaga, hay bares. Y, según dicen, son imprescindibles para la economía. No así las escuelas o los hospitales. No sé qué pensará Otero (tengo que escribirle), pero lo que sí que hace muy bien es recrear aquel ambiente, aquella época y sus ilusiones. No sé por qué tengo el recuerdo, la sensación, de que en aquella época todos pensábamos que nuestros sueños podían realizarse. Esta sensación y la impresión de que éramos más solidarios. Teníamos mucho menos, pero lo compartíamos.

<<Simón creció en el Baraja, un teatro a escala del mundo, donde tres relojes de pared se pasarían toda una vida discutiendo sobre la hora. Cada uno de ellos marcaba una diferente, como si consignaran el horario de varias capitales mundiales en Asia, América, Europa. Lo que había empezado como un desajuste fruto del descuido (nadie compraba pilas) acabó por ser una seña de identidad del lugar: cuando abrías la puerta, el tiempo quedaba suspendido, como al entrar en un cine o un espectáculo>>

Al principio de la novela, Simón, el protagonista, tiene ocho años, una afición desmedida por la lectura de los Libros Libres y fe ciega en su primo, Rico, que acaba de cumplir los dieciocho años y, de un día para otro, desaparece sin enseñarle la lección principal: <<las canciones son para escucharlas, las películas para verlas y las novelas para leerlas mientras se intenta buscar una vida y no para vivirlas desde dentro ni para protagonizarlas>>. Quizá porque él tampoco lo ha aprendido todavía. Esta desaparición marcará la infancia y la adolescencia de Simón. Lo busca, sin éxito. Y, cuando a Simón le llega el momento de decidir qué quiere ser de mayor, elige la cocina. Porque, aunque no le gusta, se le da bien. Simón —gracias a su imaginación y a los mensajes de su primo, a pesar de tener los pies de barro, el corazón caliente y la cabeza llena de novelas de aventuras— se abre paso, consigue estudiar en las mejores escuelas de cocina y aplica todo lo que aprendió en aquel bar de barrio en restaurantes de lujo —no estoy hablando sólo de las recetas— para convertirse en el mejor. Su ambición (hambre) le lleva a codearse con los que nacieron con dinero y pueden <<llamar a algunas puertas>>. El problema es que, como descubrirá Simón, pueden llamar para que te las abran o para que te las cierren.

El héroe, derrotado, tiene que volver a casa. Con el dinero que ha ganado y lo que ha aprendido. Es el momento del reencuentro, del ajuste de cuentas. Allí, en el Baraja, siguen todos los personajes del principio, en la misma barra, pero más viejos. Solo falta un desenlace a la altura de esta novela que, como las novelas bien hechas, con el timing apropiado, habla de casi todo.

Simón cree que los libros contienen todo lo que necesitamos saber. Aunque sean novelas. Porque, como dice la canción, todo está en los libros. Los libros como tabla de salvación, como puente a una vida mejor. ¿Será este el mensaje que Otero nos quiere transmitir?

Lo mejor de la novela es su narrador. Quizá destaca todavía más porque es un recurso poco habitual en la narrativa actual: un narrador cómplice, bromista, que se materializa para anunciarnos lo que vendrá a continuación, jugar con los límites de la ficción, romper la cuarta pared y arrancarnos alguna sonrisa. Otero es inteligente y da muestras de su ingenio y habilidad para construir personajes. Aunque Simon lleva todo el peso de la historia, hay toda una galería de personajes secundarios que alimentan la trama principal (ascenso y caída del héroe, aprendizaje incluido) y sirven como escaparate de otras muchas vidas. Desde los clientes asiduos del bar, que malgastan su vida y su dinero, hasta los ricos y poderosos, que quieren más dinero y más poder. Entre los personajes femeninos, me quedo con las historias de Estela, Betty, Candela, Violeta, Dolores y Socorro. Todas tienen su historia dentro de la historia principal y hacen crecer esta novela que oculta un secreto, <<a menudo olvidamos que para entender quienes somos deberíamos saber no solo de dónde venimos sino cómo hemos llegado hasta aquí>>, y un consejo: <<Puedes ser quien quieras, pero no te olvides de quién eres>>.

Te recomiendo este libro si te gusta la novela realista, actual, con toques de humor.

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Pedro Ramos
Escritor

He publicado 6 novelas y llevo 15 años impartiendo talleres de escritura y lectura. Mi pasión es hablar de libros, de los propios y ajenos. Me gusta compartir mis lecturas con un lenguaje directo y sincero.

Actualmente resido en Benajarafe, un pequeño pueblo de la costa malagueña donde leo, escribo y cuido de mi jardín.

Publicado por Pedro Ramos

Escritor y profesor de escritura. Más en www.lau2.org