Aprender a decir adiós

Adiós fantasmas es una novela delicada con un mensaje duro: para avanzar es necesario superar el pasado.

Reseña

16 de octubre de 2020
Tiempo de lectura 3 minutos

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Adiós fantasmas cuenta el regreso de Ida a su casa de la infancia en Mesina, una ciudad situada en el extremo noreste de Sicilia. La ciudad, la casa cobran tanta importancia en las descripciones de Nadia Terranova que se convierten en personajes secundarios de la trama. “En medio de las calles dedicadas a los mitos del mar, via Colapesce y via Fata Morgana, nos esperaba la casa. No era más que un feo sotabanco añadido tardíamente en lo alto de un palacete de época, una corona de plástico puesta a una reina de verdad; hablaban de su decadencia los restos de frisos en los balcones inferiores, un león de melena ondulada y desmoronada, símbolos nobiliarios desteñidos y desvaídos, persianas de madera verde hecha pedazos. Allí habíamos vivido juntas más de veinte años, desde mi nacimiento hasta el día en que me marché a Roma”. Vuelve para ayudar a su madre, que quiere vender la casa, a hacer limpieza y se instala en su habitación, “la habitación donde había dormido, jugado y estudiado había permanecido congelada en el tiempo”, una “habitación muerta, invadida por el oleaje de los recuerdos”. Agua y memoria. La habitación, como el resto de la casa está atestada de objetos y de una ausencia: el padre.

Terranova nos propone un viaje al pasado de la protagonista para indagar en sentimientos como la culpa, la frustración, la esperanza, el amor y la compasión. Como escenario, una pequeña ciudad de Sicilia donde “el sol de septiembre desanima, es egoísta, luctuoso y molesto”.

El padre ausente, presente en toda la novela, se convierte en la figura alrededor de la cual giran la mayoría de los recuerdos que la protagonista relata. “La muerte es un punto y seguido, mientras que la desaparición es la falta de punto, de cualquier signo de puntuación al final de las palabras. Quien desaparece rediseña el tiempo, y un círculo de obsesiones envuelve a quien sobrevive. Aquella mañana mi padre había decidido escabullirse, nos había cerrado la puerta en la cara a mi madre y a mí, indignas de explicaciones y despedidas. Tras semanas de inmovilidad en la cama matrimonial, se había levantado, había apagado el despertador puesto a las seis y dieciséis, había salido de casa y no había regresado jamás”. Una ausencia que madre e hija no se atreven a mencionar. Ella, la madre, no tiene herramientas, nunca las tuvo, para lidiar con esa desaparición. Ella, la hija, sigue anclada en los trece años que tenía cuando su padre desapareció, sumida en el dolor, en la culpa. Y así, entre ellas, se instala la incomunicación. Una incomunicación que continúa veintitrés años después y se muestra en forma de diálogos banales, comentarios sobre las noticias ajenas y, cuando esto falla, el silencio. “[S]i había un arte en el que mi madre y yo nos habíamos hecho expertas durante mi adolescencia, ese arte era el silencio”.

Adiós fantasmas es una lectura que nos permite desaparecer del vértigo cotidiano y contemplar la belleza de una puesta de sol sobre un horizonte de tejados.

Adiós fantasmas tiene forma de novela, pero es una reflexión sobre el sentimiento de culpa, la diferencia entre la desaparición de un ser querido y su muerte. Como el pasado marca el presente y configura nuestra personalidad. El dolor, las estrategias que cada uno adopta para lidiar con él. Es la historia de una mujer que sigue atrapada en el cuerpo de aquella niña que era cuando su padre decidió marcharse y no volver a dar señales de vida. Una mujer obligada, como en el día de la marmota, a revivir aquella mañana con el único cómplice de su memoria porque su madre también está ausente y ella, una niña de trece años, desconoce como escapar de ese pozo de dolor que ella cree haber creado. “Era culpable de la desaparición de mi padre: eso pensaba, porque era conmigo con quien no había querido seguir viviendo. En los últimos tiempos yo era quien se ocupaba de él cuando mi madre salía de casa para ir al trabajo (no podemos permitirnos perder también mi sueldo, decía) y se despedía a diario con la misma frase: me voy tranquila porque tú te quedas con papá. Yo era la guardiana de mi padre, por lo tanto, la culpable de su fuga”. Una niña, una mujer, incapaz de llorar porque no hay cuerpo del que despedirse: el duelo no puede comenzar hasta que es imposible negar la pérdida. Mientras haya esperanza, e Ida la tiene, de que su padre reaparezca en su vida.

Pedro Ramos
Escritor

He publicado 6 novelas y llevo 15 años impartiendo talleres de escritura y lectura. Mi pasión es hablar de libros, de los propios y ajenos. Me gusta compartir mis lecturas con un lenguaje directo y sincero.

Actualmente resido en Benajarafe, un pequeño pueblo de la costa malagueña donde leo, escribo y cuido de mi jardín.

Te recomiendo este libro si te gusta Natalia Ginzburg o las tramas que se desarrollan en el entorno de la familia.

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Publicado por Pedro Ramos

Escritor y profesor de escritura. Más en www.lau2.org

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