Una hija que no fuera yo

Una mujer no es una obra de ficción, pero utiliza todos los recursos que una buena obra de ficción debe utilizar.

Reseña

9 de octubre de 2020
Tiempo de lectura 4 minutos

Este libro está incluido en nuestro club de lectura online del mes de octubre. Aquí tienes toda la información.

Una madre, publicado originalmente en francés en 1987, llega ahora a nosotros para contarnos la historia de una mujer, una mujer “real, nacida en un barrio rural de una ciudad pequeña de Normandía, y muerta en el servicio de geriatría de un hospital de la región parisina”. Una mujer que podría ser otras tantas, madre, esposa, trabajadora, abuela, pero que Ernaux, su hija, se encarga de erigir frente a nosotros con la magia de las palabras. “Mi proyecto es de naturaleza literaria, puesto que se trata de encontrar una verdad sobre mi madre que solo puede alcanzarse mediante palabras”. Con sinceridad y sensibilidad, pero sin sensiblerías. Crítica consigo misma, no hay censura para mostrar cómo evolucionó su relación. Adoración, desapego, vergüenza, culpa. Madre e hija.

Ernaux compone sus frases con cadencia y precisión, un ritmo que nos traslada la traducción de Lydia Vázquez Jiménez, traductora también del resto de los títulos publicados por Cabaret Voltaire.

La Ernaux del presente, en aquel presente donde el entierro de su madre todavía es pasado reciente, interviene con pequeñas divagaciones que le permiten al lector trazar el duelo de la autora. “Voy a seguir escribiendo sobre mi madre. Es la única mujer realmente importante en mi vida y estaba demente desde hacía dos años. Quizá haría mejor en esperar a que su enfermedad y su muerte se fundan en el curso pasado de mi vida, como ha sucedido con otros acontecimientos, con la muerte de mi padre y la separación de mi marido, para tener esa distancia que facilita el análisis de los recuerdos. Pero en este momento no soy capaz de hacer otra cosa”. Escribió este libro en diez meses, los diez meses posteriores al fallecimiento. Y en él podemos encontrar momentos tan bellos como deslumbrantes. “La brecha de este pensamiento: la primera primavera que ella no verá”. Ernaux es capaz de plasmar el interior de los personajes, sus ilusiones, sus sueños, sus sentimientos con una nitidez que nos impide dudar de que aquello sea cierto. Lo hace, por ejemplo, cuando se detiene a describirnos la foto de la boda. Nos ofrece la intimidad de ese matrimonio, sus progresos, la amargura, la angustia, la esperanza. “Mi padre no evolucionaba tan rápido como ella, y conservaba esa rigidez timorata de quien, obrero por el día, por la noche no se siente, como patrón de bar, en su sitio”. 

La historia de sus padres, con el foco, en su madre. “Su deseo más profundo era darme todo lo que ella no había tenido”. Juguetes y libros, zapatos y ropa de abrigo. Después del fallecimiento del padre, intentarán volver a vivir juntas. Sin éxito. La madre se vuelve a un apartamento. A partir de ahí es “más fácil insertarla quince días en nuestra vida que compartir tres horas la suya”. Un atropello, la vejez, el Alzheimer, una residencia para ancianos. El declive. “Desde hace unos días, cada vez me cuesta más escribir, porque no querría haber llegado nunca a este momento. Sin embargo, sé que no puedo vivir sin unir por la escritura a la mujer demente en la que se convirtió con la fuerte y luminosa que había sido”. La frustración: “Lejos de ella, me la imaginaba con sus expresiones, su aspecto de antes, nunca como se había vuelto”. El cariño: “Un día, empecé a cepillarle el pelo, luego me detuve. Ella dijo <<me gusta cuando me peinas>>. Desde entonces, la peinaba siempre”. La profecía: “yo seré una de esas mujeres que esperan la cena doblando y desdoblando la servilleta, aquí o en otro lugar”.

Ernaux es una autora consagrada, accesible y necesaria. Todavía, desconocida por el gran público. ¿Por qué? Me temo que la respuesta es que todavía está viva. Y a los lectores, al mercado, les gusta el aroma de la muerte, llegar tarde.

Una mujer es un libro que nos cuenta la historia de la madre de la autora y sus sentimientos, sus reflexiones durante el proceso de escritura. “Intento no considerar la violencia, los desbordamientos de ternura, los reproches de mi madre como simples rasgos de su personalidad, sino situarlos también en su historia y su condición social. Esta forma de escribir, que me parece ir en el sentido de la verdad, me ayuda a salir de la soledad y la oscuridad del recuerdo individual, por el descubrimiento de un significado más general. Pero siento que algo en mí resiste, querría conservar de mi madre imágenes puramente afectivas, calor o lágrimas, sin darles sentido”. Valiente. “Al escribir, veo a veces a la <<buena>> madre, a veces a la <<mala>>. Para escapar de ese vaivén que se remonta a la infancia más remota, intento describir y explicar como si se tratara de otra madre y de una hija que no fuera yo”. Porque para Ernaux escribir es “…mucho tiempo preguntándome por el orden de las cosas que decir, la elección y la disposición de las palabras, como si existiera un orden ideal, el único capaz de restituir la verdad concerniente a mi madre —pero no sé en qué consiste esa verdad—, y nada más cuenta para mí, en el momento en que escribo, aparte de ese orden”. Este relato, como todos los que importan, es la búsqueda de esa verdad. Ernaux la encuentra. Y la comparte con nosotros en este maravilloso libro.

Pedro Ramos
Escritor

He publicado 6 novelas y llevo 15 años impartiendo talleres de escritura y lectura. Mi pasión es hablar de libros, de los propios y ajenos. Me gusta compartir mis lecturas con un lenguaje directo y sincero.

Actualmente resido en Benajarafe, un pequeño pueblo de la costa malagueña donde leo, escribo y cuido de mi jardín.

Te gustará este libro si te gusta la prosa precisa y sencilla, cargada de sentimientos, pero sin sensiblerías.

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Publicado por Pedro Ramos

Escritor y profesor de escritura. Más en www.lau2.org

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