Ahora no voy a salvar el mundo…

Entre novela y novela, me he puesto a corregir un manuscrito de textos breves que tengo olvidado. Por desidia, rencor y, también, falta de confianza. No acabo de verlo. El libro no tiene unidad y, a ratos, me da la impresión de que podría matar de aburrimiento al lector. Hay mucho mirarse el ombligo, soy yo a corazón abierto lo que tampoco tiene porque ser bueno. Uno de los textos que más me gustan de este manuscrito es “Ahora no voy a salvar el mundo, me lo voy a comer”. Aquí tenéis el vídeo de la lectura que hice en en el cumpleaños (15) del CAC Málaga.

Me acompañaron Antonio Dobón al contrabajo y Alain Wolter con la guitarra. Nos hemos inspirado en Goodbye Pork Pie Hat de Charles Mingus y, como siempre hacemos, la actuación consiste en una improvisación donde nos vamos buscando y, a veces, nos encontramos. Os dejo el texto completo para que podáis hacerlo en casa. Seguro que os sale mejor que a nosotros. Y, si os atrevéis, enviadme vuestros vídeos.

Ahora no voy a salvar el mundo, me lo voy a comer

Hay un ascensor al final del camino. Sé abre y sé cierra. Hay un ascensor al final del camino. Me espera. Madrid también es el olor de las ramas recién cortadas, aunque sea en el pasillo de una terminal de un aeropuerto. Los aeropuertos son gigantescos ataúdes frigoríficos de suelos brillantes, donde puedes observar el reflejo de tú enfermedad, las alucinaciones luminosas que te han llevado hasta ahí.
Me gustaría que todas las ciudades fueran como tú. Miento.
Monos de colores fosforescentes se demoran en cumplir su trabajo y personajes corbata maletín dejan pasar WIFI tiempo de embarque. Primero, las filas 27 en adelante, personajes con alguna tara, sólo una persona en clase business y está fascinación por los supositorios con alas y está predilección por jugar con la muerte y esta tendencia a que las niñas se asomen por encima del sillón delantero y estiren su brazo entre asientos y aprieten tú dedo índice entre su pequeña mano.
Salir y entrar de la locura, agárrate fuerte puede que me caiga, soy y ahora no estoy loco. Salir y entrar de esté estado, ese es el problema. Me gustaría quedarme siempre al otro lado, no volver para darme cuenta: todo puede volver a presente perderse perversión del tiempo y espacio, brillante digresión diversión de los que me etiquetaron han etiquetado como loco.
Hand, tiende tú mano, soy la niña pequeña que asoma por el asiento delantero [6A] mi madre vuela a Tenerife y yo la acompaño.
Sonríe a la niña que te aprieta el dedo y no pide premios a cambio.
No soy la niña del pez plátano, sonríe, tiende la mano, volemos juntos por encima de sus cabezas, hacia el interior de la profunda y oscura caverna donde debería habitar su cerebro.
Estoy cansado de pelear, sólo quiero entrar en este manicomio y no volver a salir. Que me den la pastilla después de las comidas, dormir en una cama caliente con paredes blancas, sentir la compasión de las enfermeras como un canto de sirena lejano que atrae al marinero
no hacia la muerte
hacia una isla desierta desde la que contemplar el paso de los días
de grandes transatlánticos
llenos de ambiciones, ajeno a todo todopoderoso
en la tranquila rutina del idiota que sé toma la pastilla
y deja que todo siga.

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