Mi primer libro robado

El otro día robé un libro. En realidad, lo pedí prestado, pero creo que no se lo voy a devolver. ¿Eso es robar no? Creo que es mejor que te cuente la historia completa desde el principio: el otro día estuve en la biblioteca de Fernando Ontañón. Fernando Ontañón es un escritor que vive en Coruña, en la misma casa donde yo vivía hasta hace cuatro meses. Y su biblioteca ocupa el mismo espacio de la casa donde yo tenía la mía. ¿La verdad? No sentí nada especial. Ni por un momento. Bueno, sí: cuando subía las escaleras.Las escaleras siguen siendo las mismas, de madera, ascienden en un órbita elíptica y están coronadas por una claraboya que apenas deja entrar luz natural. Las paredes están pintadas de amarillo huevo y tienen mil marcas de las mil mudanzas que han vivido, marcas grises de sofás que no quisieron doblar la esquina, de estanterías que se negaban a abandonar sus libros, de escritorios para jóvenes estudiantes con vistas a los tejados de Monte Alto. Y otros muchos muebles y libros y historias que repartimos en ese mes frenético en el que ya habíamos decidido que nos íbamos. Y nos fuimos. Y como el protagonista de la última novela de Ontañón, El orden invisible de las cosas, decidimos empezar una nueva vida, como si fuéramos el protagonista de su novela o el personaje de cualquier novela de Auster, uno de los preferidos de Ontañón, que llena sus estanterías y se cuela en las páginas de su nueva novela como se cuelan Franzen o Cheever. Ontañón tiene estas debilidades. Por eso no me arrepiento de haberle robado un libro de Alessandro Baricco.

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Este es Baricco; Ontañón es mucho más joven.

El libro que le he robado a Fernando Ontañón es Seda de Alessandro Baricco. Yo soy más fan de Baricco que Ontañón, sólo hay que comparar nuestras novelas o escucharnos cantar bajo la ducha para saberlo, pero todavía no había leído Seda por puro prejuicio: es el libro más vendido de Baricco, del que todo el mundo habla y eso me hacía pensar lo peor. Prejuicios. Pero aquella tarde, en la biblioteca de Ontañón, me sentí con la autoridad suficiente para hacer algo que nunca hago: cogí el libro, lo hojeé y le dije a su dueño “¿Lo has leído?”. En realidad, sólo estaba preparando el terreno para la siguiente pregunta “¿Me lo puedo llevar?”. Sus respuestas fueron “No” y “Sí”, pero como comprenderás carecen de importancia.

ANGRM-original sobrecubierta_SEDALa edición que acabo de adquirir tiene 93 páginas y está dividida en 65 capítulos de aproximadamente una página. Sólo tienes que cometer el error de abrirlo para caer en la trampa. Si lo empiezas, no vas a poder parar. De hecho, la primera lectura la hice en el vuelo Coruña-Málaga vía Barcelona (Vueling patrocina este párrafo). Es una delicia. Preciso. Exquisito. El autor de Océano mar se ciñe a lo esencial para contar una historia de amor: un triángulo amoroso perfectamente tejido entre una pequeña villa de la Francia de 1861 y el prohibido Japón. Tanto con tan poco. Tan difícil. Más de uno (o dos) cerrarán el libro y no llegarán más allá de su aparente sencillez, del giro final o de lo frugal de su lectura. A estos insensibles sólo les pido una cosa: que envíen su ejemplar a Fernando Ontañón a mi antigua dirección en A Coruña. Él sabrá valorarlo.

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Ontañón me ha confesado que él también ha empezado a correr. ¿Publicará una foto como esta?
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