Fin de feria

Publicado originalmente en Capítulo aparte, blog de libros de ABC.
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El domingo acaba la Feria del Libro de Madrid y, aunque este año no he podido estar, he seguido las noticias que de ella se han publicado. Sobre todo algunos pseudoreportajessensacionalistas que he leído: que si este vende más que el otro, que si los treinta libros más vendidos (donde sólo se citan determinados títulos, de determinados sellos), que si la abuela fuma demasiado. Desde la peri/feria, todo se ve igual, igual de bien y de mal que en la edición anterior. Por si acaso, he llamado a un par de amigos y me lo han confirmado. Sin sorpresas.

Ahora mismo, y desde hace demasiado tiempo, lo que tenemos en el Retiro es un gran escaparate donde se mezcla lo mejor y lo peor de cada casa con un único objetivo: vender. Unos dicen que la solución sería distribuir las casetas por afinidades. No lo sé. Poetas a un lado, presentadores de televisión a otro y novelistas en el medio. El resto, ya veremos donde lo ponemos. Otros sugieren que el problema es que todas las casetas son iguales y el comprador no puede distinguir unas de otras. Quizá.

El debate no es nuevo, pero ahora parece que a la fuerza ahorcan. No sé cual es la solución y, mucho menos, qué decidirán quienes tienen el poder, pero sea la que sea la decisión que tomen, me gustaría que los cambios que introdujesen fomentaran la idea de una feria festiva porque una feria es, debería de ser, un lugar de celebración; no sólo un gran mercado.

Yo, como escritor, tenga o no tenga que firmar, disfruto acercándome a la feria. Es un buen momento para rencontrarte con un amigo escritor, editor o algún otro maleante y tomarte una cerveza. Y es fácil que un lector te sorprenda, se acerque, te salude, se interese e incluso te pida fotografiarse a tu lado. Esto sucede y no hace falta ser un superventas. Esta es la magia de la feria. Esta es la parte que a mí me interesa. Pero la sensación que tengo al caminar por el Retiro, la que tuve todos estos años, es la de estar paseando entre toneladas de mercancía expuestas para su venta. Y si jugamos a esto, entonces, no podemos quejarnos de que los autores que salen en televisión (sean o no quienes han escrito el libro que lleva su nombre) tengan largas colas de consumidores esperando su firma, no podemos quejarnos de que los verdaderos lectores prefieran comprar los libros en las librerías (porque no les estamos ofreciendo nada distinto, ah, sí un 10% de descuento) y no podemos quejarnos de que, inevitablemente, puntualmente, en cada edición de las 71 que se han celebrado, llueva uno de los fines de semana.

El domingo acaba la feria. Pasen y vean.

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4 comentarios sobre “Fin de feria

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  1. Quizá sea un poco ingenuo, pero siempre que voy a una feria del libro me imagino que hay una red de líneas invisibles que une a lectores y escritores de alguna manera mágica y que salimos de nuestras cuevas para compartir lo que nos apasiona…paseemos, compremos o vendamos…y miro a la gente reconociéndome en ella porque forman parte de algo importante. Sea como sea, todos estamos allí por lo mismo: el libro.

    1. Bueno, unos van a vender libros, otros a comprar libros y a mí me gustaría que fuésemos a pasarlo bien con los libros. Pero yo vivo en Elpaísdelayer, no en Elpaísdelosméritos, claro.

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