Baricco (1 de 2)

Arquitecto de espejismos ó ¿Por qué leer a Baricco?

Hace poco, un alumno de un taller de escritura me preguntó si podía escribirse una historia sin protagonista, que el protagonista fuese sólo una voz y que el lector no descubriese su identidad hasta el final. ¿Qué le contesté? ¿Cómo contestar a estas preguntas? “Según los griegos…”, “es necesario, por parte del lector, una identificación”, “un personaje que lleve el peso de la historia, que se transforme…”. Uno de los participantes en el taller puso como ejemplo una película, Sospechosos habituales (Bryan Singer, 1995), y a partir de ahí se generó un debate sobre si el protagonista de esta película, donde se emplea magistralmente la voz en off, es o no sólo, y precisamente, una voz. Veamos un ejemplo de la peli.

Con Alessandro Baricco sucede lo mismo. O no. Baricco se ha empeñado en hacer invisibles sus protagonistas, pero no sólo los protagonistas, también los escenarios. Los libros de Baricco suceden. Suceden en un espacio y un tiempo indeterminados, sus personajes se mueven, montan a caballo o luchan con espadas, disparan, hacen el amor o se toman un café… realizan infinidad de acciones, pero sobre todo nos emocionan, nos producen expectación desde la primera línea, desde que esa voz (la voz que Baricco, por la que Baricco ha apostado esta vez) se instala en el interior de nuestra cabeza.

Baricco, que no se obliga a escribir una novela al año, nos cautiva desde el inicio de cualquiera de sus novelas, pero lo que más llama la atención es que ha encontrado un estilo capaz de crear un mundo completo con la mínima estructura. No necesita describir minuciosamente los espacios, ¿cómo van vestidos sus personajes? Sus obras están desnudas, no sólo están, sino que se jactan de esa desnudez, carecen de todo aquello que es innecesario, se pliegan sobre sí mismas, la voz (otra vez esa palabra) construye un espejismo hacia el que nos precipitamos hipnotizados y, cuando creemos que lo vamos a tocar, desaparece para reaparecer, en su promesa, de encontrarlo unas páginas más adelante. Porque Baricco no es un escritor, Baricco se define a sí mismo como un narrador y creo que esta palabra es mucho más precisa para definirle porque cuando uno está leyendo cualquiera de sus libros (todos de tema y estilo diferentes), uno tiene la impresión de estarlo escuchando.

En una época donde la calidad de un escritor se evalúa por el número de personas que compran su libro, Baricco ha conseguido contar sus historias en forma de monólogo teatral, teatro sin monólogo, novela, programa de televisión, lectura musicada y largometraje. Y, además, vender libros, muchos libros, pero a lo largo del tiempo. En un mundo donde los mediocres se hacen millonarios por salir en televisión, insultarse y hablar de sus intimidades, Baricco ha conseguido (y nada menos que en Italia, planeta Berlusconi) llenar un teatro, varias noches seguidas, con una única excusa: hablar de libros, leer esos libros, contar historias, diseccionar esas historias. Y que la RAIDUE lo retransmita en directo. En la franja de máxima audiencia. Algo tendrá.

Continuará…

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4 comentarios sobre “Baricco (1 de 2)

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  1. Recuerdo el instante en que terminé de leer Océano mar, justo por estos días, una Navidad de hace años, en la cafetería Airas Nunes de la rúa do Villar, en mi ciudad, Compostela. Fue uno de esos momentos que no quieres que lleguen. Cuando terminé el libro, me sentí completamente vacía.

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