Un sueño fugaz

“El profesor Delgado escribió en la pizarra de acrílico: <<Blanca Nieves en Nueva York>>”. Así empieza el prólogo de Un sueño fugaz, el libro más reciente de Iván Thays (Lima, 1968). Si seguimos leyendo (y es difícil no hacerlo después de las primeras páginas) descubriremos quien es el profesor Delgado -responsable de un taller literario llamado Centeno- quiénes son Tomás, Milovana, Esteban, Mercedes, Jaime, Sumalavia y, al final del libro, tendremos un retrato completo de nuestro protagonista: un escritor en horas bajas, anímica, física y literariamente, que se reencuentra con sus antiguos compañeros, uno por capítulo. Es gracias a estos reencuentros que el lector descubre, por boca del propio escritor, lo que fue de sus vidas, esperanzas, sueños e ilusiones. Una sucesión de momentos emotivos, mezquinos y algún ajuste de cuentas, salpicados de reflexiones e indirectas literarias y metaliterarias que convierten el libro (sin decidirme a calificarlo como libro de cuentos, lo dejo en el territorio ambiguo y extenso de novela, prefiero el sustantivo común y, muchas veces mal empleado, de libro) en un material interesante de apoyo para explicar conceptos como conflicto o la construcción de un personaje porque este libro, más que contar una historia, se centra en el conflicto
de nuestro protagonista: el fracaso (aquí, literario y vital), porque cada una de las historias que se nos muestran, incluso las que surgen del interior de otras historias a modo de matriuskas rusas (como la desaparición de Paulo, el hijo del escritor, protagonista y epicentro de todas las tramas) contribuye a que el lector construya a partir de diferentes fragmentos de una vida, un personaje que se muestra con sus virtudes y defectos, aciertos y equivocaciones, un personaje que tiende a humano y que, quizá (eso nunca puede saberse sin hablar con el propio autor) beba de la realidad de algún plumilla residente en Venecia (o no).

¿Cuento o novela?

El poeta, recientemente desaparecido, Nel Amaro dejó escrito: “Creo que todo lo que hago viene a ser lo mismo: teatro, poesía, narración o performances, pero claro está, los críticos, los profesores, periodistas y hasta los vecinos y amigos prefieren siempre simplificar, etiquetar y reducir, catalogar en definitiva.” Podríamos extender tan brillante reflexión al debate “¿Es este libro es un libro de cuentos o una novela?”. ¿Importa? La respuesta sólo tiene sentido si nos sentimos obligados a clasificar el libro que tenemos entre manos (en lugar de disfrutarlo) y, lo que es peor, si es nuestro criterio de compra; lícito, pero incomprensible, perdónenme. Por esto, me inclino a etiquetar Un sueño fugaz como novela, que vende más. Pero resulta que sería una novela con un argumento “excusa”, lo que el propio narrador de este libro viene a llamar “de atmosfera”, y esta falta de solidez convierte este libro, si queremos llamarlo novela, en novela caleidoscópica y esto dificultará aún más su venta, máxime si insisto en este debate y no en señalar que Un sueño fugaz es un libro sobre el fracaso y no un fracaso de libro.

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