Érase un iceberg

¿Te gusta escribir? ¿Tienes una historia que contar? ¿Empiezas, pero no consigues terminarla? ¿Se pierde tu trama igual que tu motivación? ¿Te gustaría mejorar tu forma de leer, conocer nuevos autores, personas con tus mismas inquietudes?

Gracias al taller intensivo “Érase un iceberg” conseguirás terminar un cuento, desde la idea hasta una primera versión que podrás compartir con tus compañeros.

Déjate de excusas, en este taller de 6 horas, Pedro Ramos te mostrará las técnicas básicas para escribir historias y no morir en el intento.

Además, aprenderás a

  • redactar mejor cualquier tipo de texto
  • fomentar la imaginación
  • leer de otra manera
Las próximas fechas son
16 y 18 de enero
de 19 a 22 horas
Librería Tetería Ítaca 
(Pza. Unión Europea, 11. Torremolinos)

Plazas limitadas a 15 alumnos
Precio: 75 €

Descripción

Los icebergs, esas masas de hielo que flotan a la deriva, sirvieron además de para hundir el Titanic, para que el escritor norteamericano Ernest Hemingway bautizase su método de escritura como “La teoría del iceberg”. Según dijo en alguna entrevista, el escritor debe conocer en detalle todo el iceberg, pero sólo debe mostrarle una mínima parte al lector. La mayoría de lo que sabe el escritor debe quedar oculto bajo la superficie del mar, escondido. El trabajo del escritor es, precisamente, decidir qué información y cómo se entrega. Casi nada.
La verdad, no sé si funciona, incluso hay algunos cuentos del propio Hemingway (los leeremos) que te dejan así de esa manera. Pero este curso trata de esto, de poner en práctica este método y ver qué pasa. Y si no te funciona, seguro que hablamos de un montón de cosas interesantes como el protagonista, su conflicto, el arco de transformación, la estructura en tres actos, los diálogos, el autor en el texto, las emociones, los  sentimientos, el mensaje y la motivación. Por supuesto, leeremos y comentaremos vuestros propios textos.
Ven a escribir y, sobre todo, a divertirte contando historias.

Ejercicio de motivación

Como vimos en el post anterior la motivación es personal e intransferible. Por eso es tan importante que sepas qué te empuja a escribir. Aunque hay un matiz importante. Fíjate que la mayoría de los escritores terminaban hablando de “para qué” en lugar de “por qué”.  Para entenderlo mejor, vamos con un ejercicio. Como si estuviéramos en un taller presencial, primero leeremos y luego escribiremos, ¿te atreves?

La lectura de hoy es “¿Por qué escribo?” de Félix Romeo (1968-2011). Félix, traductor y crítico zaragozano, reflexiona en este texto sobre sus inicios en la escritura y los motivos que le llevaron a dedicarse a ella. Como verás es un texto con mucho ritmo. Lee el texto una vez para entenderlo, una segunda para ver cómo está construido y, a la tercera, prueba a leerlo en voz alta, respeta la puntuación, juega con ella. Disfrútalo, siéntelo.

Escribo porque soy diferente.

Escribo para ser diferente.

Empecé a escribir porque era diferente. Empecé a escribir porque quería ser diferente. Nadie quería ser escritor cuando yo decidí ser escritor. Recuerdo a un niño que quería ser dentista y a otro que quería ser mecánico. Tenía doce años. No conocía a ningún escritor. Nunca había hablado con un escritor. Había leído a Rimbaud. Había leído una biografía de Rimbaud. Había leído los manifiestos dadaístas y El hombre aproximativo de Tristan Tzara. Siempre había leído. Había leído los libros de Enid Blyton. Había leído los siete secretos y los cinco. Había leído otros libros que no eran de Enid Blyton pero lo parecían, como los de los tres investigadores.

Y, antes de que supiera leer, mi madre me leía cuentos y me contaba historias que yo entendía a medias: historias de su pueblo, Castejón de Tornos, Teruel, junto a la Laguna de Gallocanta, que para mí estaba tan lejano como Tokio; historias de estraperlos; historias sobre la obstinación de los burros, sobre todo cuando hacía un frío del demonio y al parecer lo hacía siempre; de los maquis y sus razias; historias del azafrán y la dificultad de conseguirlo; historias de los carnavales secretos de la posguerra, con ensabanados y rondas; de las cartas de amor que le enviaba mi padre... personajes abandonados en mitad de la nada que trataban de escapar no se sabe de dónde ni cómo. Unas historias que luego leí en Agota Kristof.

Quería ser un escritor porque era diferente y quería ser un escritor de los diferentes. Digo escritor, pero lo que yo quería era ser un poeta diferente. En 8º de EGB fabriqué mis primeras plaquettes fotocopiadas. Las destruí poco después porque me daba vergüenza escribir tan mal. Ahora puedo decir que en esas plaquettes está lo mejor que he escrito.

Quería escribir para robarle la máquina de escribir a mi padre, su más precioso tesoro: la cuidaba con esmero y no nos dejaba tocarla. Thomas Mann escribió un ensayo en el que hablaba de la gran cantidad que hay de escritores huérfanos de padre. El padre de Truman Capote desapareció y el padre de Alejandro Gándara se fue sin dejar rastro y el padre de… Mi padre era huérfano de padre, huérfano desde los dos años, pero a él se le pasó la vez y el que se hizo escritor fui yo. Huérfano heredero. Aunque mi padre escribía a máquina todo el tiempo: su Olivetti gigante con forma de ballena. Mi padre escribía informes sobre sus servicios de policía y sobre el tráfico y sobre las incidencias del trabajo. Tenía unas hojas de calco y guardaba copia de todo lo que escribía.

Me hice escritor para robarle esa estupenda máquina de escribir. Me hice escritor para consumar un incesto raro. Mi padre me puso una condición para poder usar su Olivetti: aprender mecanografía perfectamente... una práctica que él, que escribía sólo con dos dedos, no conocía. Quizá pensaba que yo no conseguiría escribir a máquina, pero pasé el verano de mis trece años sacrificando la piscina y aprendiendo a escribir a máquina en una academia con un calor sofocante: asdf ñlkj etcétera. Así rendí a mi padre y le quité su bien más preciado. Truman Capote escribió algo sobre la mecanografía y la literatura, y es posible que, pese a su afirmación, se trate de ramas de la misma actividad. Durante un tiempo tuve que usar la máquina siempre en la mesa del comedor, bajo vigilancia, y guardarla siempre en su maleta. Mi madre cosía en su máquina de coser y yo escribía en mi máquina de escribir. Unos meses más tarde llevé la Olivetti ballena a la mesa de estudio de mi cuarto.

Tenía catorce años y escribía poseído. Escribía todo el tiempo. Nunca he vuelto a escribir de esa manera y cuando escribo deseo poder volver a escribir así alguna vez. Febril. Enfermo. Escribía poemas. Escribía minúsculas vidas imaginarias. Escribía obras de teatro. Era diferente y quería ser un escritor diferente. Leía a Beckett, y mis obras de teatro querían parecerse a Esperando a Godot. Leía a Jack Kerouac. Leía a Henry Miller, al que había llegado siguiendo a Rimbaud, un camino excéntrico. Leía a Joyce, pero las piezas más raras, Poemas manzanas. Leía solo. Escribía solo. Entonces yo era el único escritor. Rey soberano.

Aunque quizá leía más solo que escribía solo, porque entonces publiqué mis primeros poemas en una revista. No guardo ni un ejemplar. Me avergonzaba esa revista, sabía que estaba mal hecha, que era cutre... y aunque sabía que la revista estaba mal hecha y que era cutre, me sentía feliz porque publicando en esa revista que me avergonzaba me convertía en escritor. Nadie lo sabía, pero yo había cruzado una línea y ya no podía volver atrás. Recuerdo el nombre de la revista.

Escribo porque tengo miedo: antes cuando tenía miedo me metía debajo de la cama. Escribo para levantarme cuando quiera. Escribo para acostarme cuando quiera. Escribo para imponer mi versión de los hechos. Escribo por envidia. Escribo por fascinación. Escribo para ser feliz. Escribo para ganar dinero. Escribo para saber cómo escribo. Escribo para que se publique lo que escribo. Escribo para seducir. Escribo para ser apreciado. Escribo para existir. Escribo para ser visible. Escribo para despertarme cada día en un lugar del mundo. Escribo para que me insulten. Escribo para seguir vivo. Escribo para no matarme. Escribo para saber lo que pienso. Escribo para mentir. Escribo porque soy feliz. Escribo para pedir perdón. Escribo para no pedir perdón. Escribo porque cuando escribo no vivo. Escribo para vivir más tiempo. Escribo porque me lo piden. Escribo porque no me reconozco en las fotografías. Escribo porque quiero dar mi versión de la historia. Escribo porque en mi escritura sólo mando yo. Escribo porque me gusta escribir. Escribo porque no sé conducir. Escribo porque soy vanidoso. Escribo para perder el sentido. Escribo porque busco el sentido. Escribo como el cultivador de champiñones: con los pies enterrados en mierda y con la certeza de que el producto no es un manjar. Escribo como el pescador de un barco congelador. Escribo para follar. Escribo para respirar. Escribo para no tener que escribir. Escribo para mirar todo y todo el tiempo. Escribo para recordar. Para recordarme. Para volver a alcanzar ese estado febril. Febril y fabril. Escribo por insatisfacción. Escribo por venganza. Escribo por remordimiento. Escribo para confesar mis pecados. Escribo para esconder mi vergüenza. Escribo para reírme. Escribo porque me da miedo el fuego.

Escribo porque tengo algunas historias viejas que contar. Las que me llenan la cabeza ahora sucedieron todas antes de que cumpliera veintiocho años: la de un asesino que mató a su mujer y con el que compartí celda en 1995 en la cárcel de Torrero de Zaragoza, que ya ha desaparecido, demolida por la piqueta; la de una loca, prima de mi padre, a la que visitamos en un manicomio de Valencia en el verano de 1975; la de unos curanderos de Petrel, Paco y Lola, que visitamos cuando mi abuela Rosario había sido desahuciada por los médicos.

Mi padre me cedió su máquina de escribir. Y una vez que se la arrebaté ya no podía cambiar: tenía que escribir y tenía que ser escritor. Ahora, más que diferente, me siento extraño.

fhqhkwoPuedes encontrar este texto en el libro, del mismo título, publicado por Xórdica Editorial en 2013. Te recomiendo que leas a Félix Romeo. No es muy conocido, pero como habrás visto tiene mucha fuerza y una voz singular.

Después de la lectura (¿lo leíste tres veces?), vamos con la escritura: escribe un texto, como máximo de 15 líneas, sobre tu motivación o motivaciones. Elige el estilo que más te guste, sé creativo, todo lo que puedas, pero recuerda que los demás también tenemos que entenderlo y, si eres capaz, emociónanos. Como mínimo, como hizo Félix.

Tiempo máximo para el primer borrador: 10 minutos.
Pasado este tiempo es el momento del rotulador rojo: imprímelo y reescríbelo. Elimina en lugar de añadir, pero el texto no puede ser inferior a las 10 líneas.
Reescritura (mínimo 1 vez): 5 minutos.
Te recomiendo que lo imprimas porque, al menos para mí, corregir en pantalla es menos eficaz que en papel.

Cuando creas que lo tienes, compártelo con nosotros.

Julio Fajardo Herrero, The Get Down y Robe

Mira que lo tenía pensado, de eso que llevas toda la semana con la idea en la cabeza y ya sabes (más o menos) lo que vas a decir. Pero el viernes 25 gané el Slam Poetry Málaga de noviembre (un lujo tener que desempatar con el gran poeta Sergio Escribano) y el sábado estuve toda la mañana en unas jornadas sobre Emoción y Educación (estaban César Bona y Javier Urra por allí firmando libros) y luego, por la noche, me fui a escuchar a un montón de poetas jóvenes y guapos al Rooster y, como imaginaréis el domingo no me quedaban fuerzas nada más que para enviar unos 20 correos electrónicos del Festivalito Literario que se celebrará los días 2 y 3 de diciembre en La Térmica de Málaga. Y se me pasó el fin de semana sin publicar mi triple recomendación: un libro, una serie y un disco. Pues aquí estoy. Con muchas ganas de compartir con vosotros mis impresiones sobre un buen libro, una serie para pasar el rato y un disco enorme.
Allá vamos.

Asamblea ordinaria

Empezamos por lo importante: el libro, Asamblea ordinaria de Julio Fajardo Herrero. Me ha gustado, mucho. ¿Por qué? Porque ha he hecho algo muy difícil: una novela coral con diferentes niveles de lectura y que habla de todo esto que pasa sin decirnos lo que tenemos que pensar. Muy difícil.

Un tal Umberto Eco dijo que 
"…en un poema o en una novela, lo que uno pretende es representar la vida con todas sus contradicciones […]. Los escritores creativos piden a sus lectores que traten de encontrar una solución; no ofrecen una fórmula precisa (excepto en el caso de los escritores cursis y sentimentales, que lo que pretenden ofrecer son consuelos vulgares). Por este motivo, en las charlas que ofrecí sobre mi recién publicada primera novela, decía que, a veces, un novelista puede decir cosas que no puede decir un filósofo."
Umberto Eco. Confesiones de un joven novelista

Sí, lo habéis pillado: las premisas de Julio son similares a las mías cuando escribí Todo es mentira. No he podido evitar comparar, reír e incluso discrepar. No le conozco, más allá de varios mensajes por Facebook, pero me encantaría tomar algo con él y poder hablar de su libro. Fidelidad, justicia, una generación más que preparada que tiene que vivir de las sobras de sus mayores, un sistema educativo deficiente en muchos aspectos y sobre todo en valores, el ansia de poder de unos y otros y de todos los que se convierten en daños colaterales.
arton1779Pero no os equivoquéis: la novela no habla de política (a mí también me dio mucho miedo el título, tanto que si al final me atreví a leerlo fue porque escuché a Julio en Radio 3), no, no habla de política; habla, sobre todo, de seres humanos. Y de ahí lo coral. Julio construye personajes con sus claro oscuros (redondos) y les da voz a cada uno para que cada uno te cuenta su historia con su propia voz. Y todas las historias forman un libro que cierras con el regusto de que los umanos (sin hache, no es una errata, deberías saberlo o preguntar) somos bichos muy raros, pero algo de esperanza habrá mientras seamos capaces de ponernos en la piel del otro como ha tenido que hacer Julio.
Enhorabuena.

The get down

La serie de la semana. A capitulito por día, después de cenar, me he tragado la primera temporada de esta serie, un poquito pastel, de un grupo de jóvenes que viven en el Bronx allá por los años 70. Rap, algo de break dance y grafitis, mucha droga (sin efectos secundarios), un predicador atormentado por su pasado, la hija del predicador que quiere ser cantante, el novio de la hija del predicador que es huérfano, pero tiene diarrea verbal (de la buena) y toca muy bien el piano y además es un chico muy majo que tiene unos amigos que también son muy majos (los únicos majos de toda la serie) y que se hace amigo de Shaolin Fantastic (mi personaje favorito) que descubrirá, para todos nosotros, qué es el get down.


En resumen, la primera temporada es una sucesión de momentos musicales muy entretenidos, bien producidos y realizados por el director de Moulin Rouge, Baz Luhrman. Aunque no acabo de entender en qué se han gastado los 16 millones de dólares por episodio (las malas lenguas dicen que es la serie más cara de Netflix, lo acabo de leer!). Podían haber dedicado 1 ó 2 (millones) para construir algún personaje (redondo) o elaborar una trama menos predecible, pero tuvieron problemillas con el guionista, tantos que tuvieron que cambiarlo. Y me pregunto yo (barriendo para casa) si no tendrá algo que ver eso con que ni siquiera hayan puesto la segunda temporada, que he leído que los capítulos no están terminados. ¿Pero qué más da? Si desde el primer capítulo (sutilmente titulado “Donde hay ruina hay esperanza”) todo hijo de vecino sabe que esta pareja (atención, spoiler) conseguirá entre corrupción urbanística, trapicheo de drogas y ajuste de cuentas (no faltan los políticos corruptos y la profesora buena gente) salir adelante (atención, momento Disney) porque son diamantes en bruto que la vida tiene que pulir. Ya. Eso. Y otras perogrulladas que, insisto, te tragas porque cuando el chico este, Ezekiel, se pone a rapear lo hace muy bien y está muy muy muy bien realizado.

La serie toca fondo, sin duda, cuando “el desacreditado productor musical Jackie Moreno” está a punto de morir de sobredosis, crisis creativa incluida. Lo puedes ver en el capítulo cuatro.

Robe y su último disco

Videoclips aparte, he pasado de Iván Ferreiro a Robe, el cantante de Extremoduro, y su disco más reciente Destrozares. Canciones para el final de los tiempos. Ya el título te dice un poco por donde van a ir los tiros y es que este poeta no engaña a nadie, ni lo pretende. Tiene la voz que tiene y la mezcla con violines, piano, guitarras y otro montón de instrumentos para crear melodías (y algún momento histriónico) al servicio de la letra, unas letras que contienen versos directos y contundentes, metáforas que igual que el libro de Julio Fajardo Herrero te harán pensar sobre la sociedad actual.
No te engañes, aunque la primera canción se titule “Hoy al mundo renuncio” y empiece con mucha crudeza, el disco tiene esos momentos de romanticismo canalla que son marca de la casa. Imprescindibles: “Donde se rompen las olas”, “La canción más triste” y “Del tiempo perdido”.robe-destrozares-01-02

Lee como empieza esta canción y dime.

Amarradito de su cintura,
Arriesgándonos en la postura…

He dormido poco hoy,
Recordando, a oscuras,
Su voz.
Ha pasado el tiempo y voy
Totalmente a oscuras.

Si te da por volver,
Al venir, si te acuerdas,
De traer, del amor,
De una vez, la respuesta,
Yo estaré donde rompen las olas
Una y otra vez.

Hola, ola del mar,
Te he visto llegar.
No me dejes nunca solo.

 

¿Por qué escribo?

Hoy me ha llamado Fini, amiga y polisémica con la que he compartido ya varios talleres. Me ha contado un montón de cosas (interesantes), pero sobre todo una: “Rafa está depre, desmotivado”. Como si fuera una señal.
—Ese es precisamente el primer capítulo del libro —le he dicho—. Subo un post esta misma tarde.
Ella ya sabía de lo que estaba hablando.
Me explico.
Llevo algunas semanas recopilando mis apuntes de los talleres de escritura creativa que he impartido. El objetivo es publicar un libro, pero no quiero que sea un libro de pajas mentales, ni un rollo teórico lleno de palabras que tengas que buscar en el diccionario. Mucho menos un libro donde os cuente lo bonito que lo hago. Si hay algo que he aprendido en estos 12 años de talleres es que tienen que ser prácticos. Ya tengo el índice, estoy seleccionando los textos que utilizaré como ejemplos y base de los ejercicios con los que terminaré cada capítulo.
Porque el libro tiene que abarcar todo el proceso: desde la motivación hasta cómo encontrar una editorial para la novela que, me gustaría, consiguiese terminar quien lea el libro (y haga los ejercicios). Así que, llegados a este punto, fue inevitable que me hiciera la siguiente pregunta “¿Cuánto tiempo se necesita para escribir una novela?”
Stephen King en su Mientras escribo asegura que no deberías tardar más de 3 meses en escribir el primer borrador de una novela. Frases como esta, frikadas como Nanowrimo (gracias, Loïk) o el proyecto Bradbury, además de mi adicción a los libros de escritura, me hicieron ponerme a calcular e investigar si una persona normal y corriente, es decir, con su trabajo, su familia y demás obligaciones, podría conseguirlo en ese tiempo.
Mi conclusión es que, escribiendo entre una y dos horas todos los días, en cuatro meses esa persona podría tener el segundo borrador de una novela de unas 40.000 palabras. Toma, Stephen, en cuatro meses. Pero no podía dejar solo al lector/escritor. El libro de escritura tendría que servirle como guía para ese viaje y, con un poco de suerte, que pudiera usarlo más de una vez.
Empezando por el principio: ¿Por qué escribo?
escritura_expresiva_4781_635xVa por ti, Rafa.
La mayoría de los escritores tienen uno o varios motivos. Y ninguno de ellos es pagar las facturas. Desengáñate, pocos escritores ganamos dinero con lo que publicamos. Al menos, con la ficción. Entonces, ¿por qué lo hacemos? ¿Por amor al arte? Creo que la respuesta no es tan sencilla. La mayoría de los escritores, los artistas en general, reconocen que sienten algo en su interior que les empuja, una y otra vez, a malgastar tiempo frente a una pantalla o un cuaderno. Esto es la vocación y es muy necesaria, claro, pero vayamos un poco más allá: ¿qué obtienes?, ¿cual es tu recompensa al terminar el cuento o el libro con el que te has estado peleando tanto tiempo? Siempre hay algo más.
García Márquez en su libro Cómo se escribe un cuento dijo “las respuestas son muchas, una por cada escritor”. El altisonante Borges lo tenía muy claro: “Escribo porque para mí no hay otro destino”, pero el juguetón James Joyce, amigo de Gus, aspiraba a algo más
“…he metido tantos enigmas y rompecabezas en El Ulises que tendré atareados a los profesores durante siglos discutiendo sobre lo que quise decir, y ése es el único modo de asegurarme la inmortalidad”,
lo que para el nihilista Luis Landero vendría a resumirse en
“De ese modo vivimos dos veces el mismo hecho: cuando lo vivimos y cuando lo contamos.”
Pero me parece igual de válida la afirmación de Toni Morrison: “Para sentir profundamente” o la de la expectante Clarice Lispector “por simple curiosidad intensa” que, el siempre lúcido, José Luis Sampedro amplió a “…porque escribiendo uno se revela a sí mismo a fuerza de buscar una manera de decir las cosas o de buscar algo que decir”. También los hay desorientados y para desorientados, como Paul Auster: “Es una actividad que parezco necesitar para sobrevivir. Me siento muy mal cuando no lo hago. No es que escribir me produzca un gran placer, pero es mucho peor si no lo hago” que, con perdón, Fernando Pessoa expresó mucho mejor: “Moverse es vivir. Decirse es sobrevivir.”
Y la última, de Gustave Flaubert: “La única forma de soportar la existencia es aturdirse en la literatura como en una orgía perpetua”. Es fácil hablar de orgías cuando se vive de rentas y con mamá.
que_pase_el_proximo_dustin_lee_por_que_escriboResumiendo:
. escribimos para aprender. Aunque la documentación sea mínima, siempre descubrirás algo que no sabías. Tanto de técnica de escritura, como del mundo en el que vives. Lo que me lleva al segundo punto
. escribimos para explicarnos el mundo donde vivimos. Y sus alrededores. Esta información suele llegar cuando ya estás metido en la escritura, incluso cuando ya estás corrigiendo el libro, sea novela, poesía o cuento.
. escribimos para ajustar cuentas con la realidad. De esta forma la realidad es más como nos gustaría que fuese, cambiamos el pasado o adelantamos el futuro, lo moldeamos a nuestro antojo y convertimos una cena de amigos en una escena memorable. Y sí, a veces, también para denunciar o hablar de tal fulano que te las hizo pasar fatal o cometió tal fechoría o milagro. Para eso también sirve contar historias. Lo importante, como con la moralina, es que no se note demasiado.
. Y, sobre todo, un nuevo libro sirve para explorar emociones y sentimientos que no tienes porque sentir en ese momento. Para eso están los personajes. En mi caso, esto lo descubrí hace poco, justo hace dos veranos, literalmente. Acababa de publicar Todo es mentira y aquella tarde, verano coruñés, una gallega de ascendencia mejicano vasca me dijo a la cara que mi escritura era demasiado intelectual. Acepté el reto: escribiría una novela de emociones. Así nació La playa de los cristales, mi primera novela juvenil.
. que también me ayudó a expulsar algún demonio. Así que: escribimos para expulsar nuestros demonios.

En el siguiente post os propongo un ejercicio, ¿te atreves?

Black mirror, Miqui Otero e Iván Ferreiro.

No tienen nada en común, la verdad, pero llevo días dándole vueltas a la tercera temporada de Black Mirror, el nuevo disco de Iván Ferreiro y Rayos, la nueva (ya no tanto) novela de Miqui Otero. Hace tiempo que quería hacerlo y por separado, pero al final van todos juntos, pero no revueltos. A ver qué pasa.

La última vez que lo comprobé, en quince días había dos fines de semana. Black Mirror me ha robado uno. Los chicos de Netflix acaban de pagar la tercera temporada. Antes era británica y ahora americana y hay muchos que ya se han dado cuenta y han señalado las diferencias con las temporadas anteriores y lo mala y cansina que es e, incluso, que está pasada de moda. A mí, la verdad, me ha gustado. ¿Me estaré haciendo un blando?

1024_2000Mi opinión es que respeta lo fundamental: una producción de calidad y un guión que se detiene en desarrollar los personajes y la trama para dejarnos con ese puntito de desasosiego que, días después, hace que todavía estés hablando de tal o cual capítulo. Mi recomendación es que no perdáis el tiempo con Men Against Fire, bastante fallido, pero no dejéis de ver Nosedive, Hated in the Nation, Shut Up and Dance y San Junipero (mi preferido). No están mal los sustitos de Playtest, pero si os lo saltáis no pasa nada. Esta temporada, como las anteriores, cada capítulo es una historia independiente por lo que podéis verlas en el orden que os apetezca. Sí, como un libro de cuentos firmado por Philip K. Dick en el que el mensaje sería: la tecnología nos idiotiza. Por cierto, ¿a qué se dedica Netflix? De esto no pongo vídeo que no me dan comisión.

miqui-oteroEl segundo trending topic del que quería hablar es Miqui Otero. En realidad, quiero hablar de su libro Rayos (Blackie Books, 2016), pero tuve la suerte de conocer y compartir escenario con Miqui el día 2 de noviembre en A Coruña y me cayó bien, muy bien. Tanto que pienso incluirle en ese libro de recuerdos que algún día escribiré (tiembla, Coruña). Volviendo a Otero, el autor, deciros que lleva gafas de pasta, tiene diastema (igual que su protagonista) y ha dado mucho que hablar este año. Su editorial dice que Rayos ha sido el libro revelación del 2016. No sé si será verdad; a mí (afortunadamente) me ha gustado. Primero, porque igual que Ferreiro o Brooker, el creador de Black Mirror, su novela es original y, segundo, porque está muy bien escrita. Eso que digo tantas veces de fondo y forma. Me explico (sin spoilers, of course)

El libro tiene dos tramas principales. En la primera, un hijo de inmigrantes gallegos comparte piso con un grupo de amigos y trabaja como becario en un periódico llamado La verdad (ojo a los nombres en general, creo que van con segundas). Asistimos a sus devaneos sexuales, ascenso y… He dicho que no voy a hacer spoiler.

La segunda de las tramas es la emigración de una familia gallega. Correcto: los padres del protagonista de la primera trama.

Y, como muy bien contó Miqui Otero en Libros en directo, no se puede entender una sin la otra. Además, el chico escribe bien (se nota que hay un ejercicio de estilo, vaya que se nota) y ha creado una voz que no encontrarás en otras novelas del mainstream nacional. En eso tiene razón su editorial.

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Si quieres saber algo más, se lo preguntas al propio Miqui por Twitter, que no tiene Facebook y la última entrada de su blog es del 24 de enero de 2015. Un tipo preocupado por las redes sociales. Carne de Black Mirror.

ivan_ferreiro_1555_645x485Para terminar, Iván Ferreiro. Ha sacado nuevo CD, Casa, y me lo he escuchado tres mil veces (por lo menos). Sé que los entendidos de la música dicen que no canta mucho. OK, para ellos el pollo, puede que no sea un virtuoso (es de Vigo) pero me gustan mucho sus letras y, además, si escucháis la primera canción “Casa, ahora vivo aquí” después de mudaros a una ciudad a 1.127 Km. de distancia pues es posible, incluso fácil, que os pongáis algo sensibles y le deis al play un par de veces más. Mi canciones preferidas, en bucle mientras he escrito esto, son la 1 Casa, ahora vivo aquí, la 6 Dies Irae, 7 Los restos del amor, 9 El pensamiento circular, 11 Tupolev y 12 Río Alquitrán. Si tenéis 5:45 minutos y ganas de ver un vídeo musical, aquí tenéis el oficial.

El pasado siempre está presente

Ayer impartí un taller a un kilómetro cuatrocientos metros de donde sucede la parte más importante de Todo es mentira. No me atreví a acercarme. Me bajé en la parada de tren de tantas veces cuando vivía en aquella casa. Y me deslicé en dirección contraria, hacia la librería Muga, donde intenté explicar cómo se convierte tu vida en una novela. No sé qué me habría encontrado en la calle Campiña, qué habría sentido al caminar otra vez por aquella acera, la parte de atrás donde habitaban los ornitorrincos. Hay heridas que nunca cicatrizan. Al menor roce, duelen.

página 182 de Todo es mentira (Trifolium, 2014)

“El pasado siempre está presente, dijo Maurice Maeterlinck, Ramos, tres niños jugando sobre la alfombra contra él, tu padre, como cachorros de león contra el Rey León. Una lucha desigual, salpicada de risas, de orejas enrojecidas. Su barriga, una curva redonda, tirante, sobre la que el ganador se sienta. Un golpe de riñón y al suelo. Otro round. Tres pequeños leones jugando sobre la alfombra, junto a la mesa baja de mármol con las patas de madera contra la que tu hermano se partió la barbilla, Ramos, un día que resbaló desabrochándose la chaqueta, no sé si mucho antes o mucho después de que tu madre dijese BASTA, sin signos de admiración, pero muy alto, y os cogiese a vosotros tres y a Chico, vuestro gato, y una máquina de coser…”

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